Placer o realidad

Jeison Bohorquez

 

Para el presente escrito tomaré como referencia las obras de Freud y de Marcuse, tituladas: El Malestar de la Cultura y Eros y Civilización con el fin de realizar un análisis crítico de la sociedad.

Marcuse comienza su obra exponiendo la concepción de hombre que se puede inferir del malestar de la cultura de Freud. Éste [el hombre] es al mismo tiempo la condena de nuestra civilización y, de igual manera, su más firme defensa: “(…) la historia del hombre es la historia de su represión” (Marcuse, p 27). Según esto la cultura debe reprimir no sólo su existencia social, sino también la biológica. La cultura no reprime sólo partes del ser humano sino su estructura instintiva en sí misma. Esta misma restricción es la precondición esencial del progreso. Los instintos dejados en libertad hacia sus objetivos naturales terminarían por acabar con cualquier tipo de asociación y preservación. Sólo eros es tan perjudicial como el instinto de muerte. Para Marcuse, eros toma su fuerza destructiva del hecho de aspira a “(…) una satisfacción que la cultura no puede permitir: la gratificación como tal, como un fin en sí misma, en cualquier momento” (Marcuse, p 27).

De lo expuesto hasta aquí podemos inferir unas cuantas cosas interesantes para nuestro análisis. En mi anterior análisis sobre Freud, había mostrado cómo si bien es cierto que Freud es hedonista en su concepción ética, ésta presenta dos caracteres: de un lado, un fin positivo que busca satisfacer todas las necesidades, y que está dirigida por el principio de placer; y un fin negativo, que busca evitar el dolor y el displacer. De igual manera había mostrado como para Freud el primer camino era imposible por lo que asumía la fase negativa, es decir, no buscar satisfacer todos los instintos sino evitar el dolor y el displacer. De la interacción del individuo con el medio ambiente era que el principio del placer se convertía en el principio de realidad. Ahora con Marcuse podemos proponer otro aspecto de la teoría freudiana a saber: la lucha entre dos instintos de un lado, eros y, de otro lado, el instinto de muerte. Esto nos permite decir que el hombre es una tensión dialéctica entre dos principios.

Pero la dialéctica se mantiene en muchos aspectos. Para Marcuse tanto los valores como los instintos cambian dramáticamente en la civilización, así ve que se pasa de:

 

Satisfacción inmediata

Placer

Gozo (juego)

Receptividad

Ausencia de represión

A:

Satisfacción retardada

Restricción del placer

Fatiga (trabajo)

Productividad

Seguridad

Y esto marca para Freud la transformación del principio de placer en el principio de realidad[1]. Tenemos una concepción dualista de la mente humana, regida por procesos mentales distintos y principios distintos. Su relación es histórico-genética. Los procesos mentales primarios, más antiguos, son los residuos de de una fase del desarrollo del individuo, en que eran el único proceso mental. A este proceso fue al que caracterizamos como el proto-yo o yo placiente que solo busca placer y, por lo mismo, busca alejar el displacer (dolor); solo que este proto-yo entra en conflicto con la naturaleza y con el ambiente humano “El individuo llega a la traumática comprensión de que la gratificación total y sin dolor de sus necesidades es imposible.” (Marcuse, p 29). Es por ello que el principio del placer ha de ser superado y adecuado por un nuevo proceso mental; que no busca ya la satisfacción inmediata de todos los instintos sino busca “(…) El placer retardado, restringido, pero <<seguro>>”. De aquí que Marcuse vea en el nuevo proceso mental una forma organizada del ego que ya no busca el placer inmediato, pero, inseguro; por el principio de la realidad que adapta y mejora el principio de placer, pero, a través de la restricción. El hombre liberado de sus instintos animales se trasforma en un ser racional.

Aquí nos surge una inquietud a saber: ¿Hay algún proceso mental que escape al principio de la realidad? La respuesta a esta pregunta es sí, la fantasía. La fantasía escapa al principio de realidad conservando la estructura de nuestra antigua forma mental. Es en ella donde aún le damos rienda suelta a la liberación de todos nuestros instintos y los sentimos como realizados. Fantaseamos tanto en el trascurso de nuestra vida, de manera tal, que esta función no puede ser la menos frente al principio de la realidad; sin embargo, fuera de la fantasía todo nuestros procesos mentales están gobernados por el principio de realidad.

Así en Freud tenemos una concepción dialéctica del individuo (ontogénesis) y de la sociedad (filogénesis). Esta estructura se ve reflejada a ambos niveles. A nivel filogenético se da primero en la reunión de la horda original. En esta el padre se hace con el poder y somete a sus hijos obligándolos a la renunciación. A nivel ontogénetico se da en el individuo en la niñez cuando los padres y otros educadores imponen al niño el principio de la realidad. En uno y otro nivel se reproduce la sumisión. Al régimen del padre le sucede su derrocamiento por la alianza de los hermanos que se toman el poder y “(…) el clan de hermanos se desarrolla como dominación social y política institucionalizada.”(Marcuse, p 30); es decir, el principio de realidad se institucionaliza[2]. Esto también quiere decir que el principio de la realidad tiene que estarse imponiendo constantemente y esto debido a que nunca logra vencer completamente al principio de placer que yace subyugado. Un ejemplo claro es la sexualidad, por más que la cultura trate de reprimirla[3], ésta sigue manifestándose y realizándose, a pesar, de que se le trate de subyugar.

Los objetivos del vencido principio del placer permanecen vivos en el subconsciente. Éste nos recuerda la historia de la primera horda en que el padre original domina y somete a sus hijos, es el iniciador “(…) de una cadena de esclavitud, rebelión y dominación reforzada que marca la historia de la civilización” (Marcuse, p31); de allí que Marcuse diga: “(…) el individuo sin libertad introyecta a sus dominadores y sus mandamientos dentro de su propio aparato mental.”(Marcuse, p 31). La dinámica de la civilización es que los dominados mantengan a sus dominadores. El individuo reprimido necesita de su represor.

[1]  Véase Eros y Civilización, p 28. Y mí escrito sobre Ética y psicoanálisis.

[2] Al realizar este análisis se me ocurren varias: La escuela, los hospitales, los lugares de gobierno, etc. Todos dirigidos a que los individuos se sometan al principio de la realidad y no traten de dar rienda suelta a sus instintos.

[3] Como en el Medioevo en la concepción de castidad de la iglesia.

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“La escuela debe enseñar a pensar”: Evald Vasilievich Iliénkov

0a3f7-07ailyenkovDe esto a nadie le cabe la menor duda. Mucho más, cada pedagogo dirá: ¿cada uno puede responder qué significa esto? ¿Qué significa pensar y qué es el pensamiento? La pregunta está lejos de ser sencilla y, en determinado sentido, es capciosa.

Con mucha frecuencia confundimos el desarrollo de la capacidad de pensar y el proceso de adquisición de los conocimientos establecidos por los programas. Y estos dos procesos, sin embargo, no coinciden automáticamente, aunque son imposibles uno sin el otro. “El mucho saber no enseña inteligencia”. Esta idea, expresada hace más de dos milenios, por el sabio Heráclito de Éfeso, no ha envejecido hoy día.

La inteligencia o la capacidad, la habilidad de pensar, el “mucho conocimiento” por sí mismo, en la realidad no la enseña. ¿Y qué es lo que enseña? ¿Y, en general, se puede enseñar la inteligencia, aprenderla?

Está lejos de carecer de fundamento la opinión…

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Reseña “El príncipe” de Nicolás Maquiavelo

RESEÑA EL PRÍNCIPE[1]

Jeison Alfonso Bohorquez C.

maquiavelo

Maquiavelo (1469-1527) en su texto El príncipe nos hablará de las monarquías hereditarias y especialmente de las monarquías formadas a partir de principados nuevos. Para ello describirá con habilidad e ingenio como a través del contexto histórico ciertos hombres y principados han logrado mantener el poder y hacerse con nuevos territorios y dominios políticos. Entre los hombres que toma como modelos de príncipes están Cesar Borgia y Francesco Sforza, el primero gracias a la fortuna de su padre y el segundo por mérito propio, lograron hacerse príncipes y ostentar un gran poder.

Así, Maquiavelo, vera que la mejor manera para que un príncipe mantenga el poder está relacionado con la virtud (Ya que el príncipe puede ser realmente malo; pero odiado por su pueblo), la administración de la crueldad (La cual de ser posible debe usarse toda de una vez y no persistir en ella) y el monopolio de las armas con ejércitos fieles al príncipe. La virtud del príncipe hace que éste sea príncipe no por el azar o la fortuna, aunque también puede serle útil, sino por el mérito propio y la inteligencia; así como la crueldad hará que sea temido, y al no recaer en una crueldad excesiva se ganará el favor del pueblo; las armas lo dotaran de un poder del cual solo él puede disponer, ya que, nadie más podrá hacer uso de ellas. Además, es mejor para el príncipe contar con fuerzas suficientes para enfrentar a otros principados por su propia fuerza sin depender de otros.

Una vez el príncipe ha conquistado otras tierras lo mejor para conservar el poder será o bien arruinarlos y acabar con sus antiguas leyes y tributos o dejarles vivir con sus propias leyes, recobrando tributos y creando en ellos un gobierno oligárquico (un administrador) que lo conserve amigo, ahora que, es mejor para el príncipe que tenga un administrador que pueda ser removido y al que se obedezca únicamente por ser: servidor del rey. Sin embargo, para Maquiavelo es mejor, arruinar el antiguo reino y que el príncipe mismo habite en los terrenos conquistados creando nuevas leyes.

En el texto El Estado Absolutista en Occidente se nos narra cómo los nuevos estados nación que estaban surgiendo una vez cambian las relaciones de producción de la época feudal más que alejarse de los antiguos modos de producción lo que pretendían era afianzar en el poder a la antigua clase nobiliaria con sus formas de poder y organización social. Por ello se dio un giro hacia las formas de organización social que serían típicas de la burguesía.

 

Juicio Crítico

 

Maquiavelo tiene la virtud y la ventaja de haber descrito de forma secular la mejor manera de hacerse con un principado y mantener el poder para el príncipe de tal reino. Así se muestra como un hombre supremamente pragmático y un observador cuidadoso de la política de su tiempo. Si el objetivo es mantener el poder el fin justificaría los medios, sin embargo, en una época como la nuestra nos podríamos preguntar si tal condición es válida para el mantenimiento del poder de una clase explotadora sobre otra y, si es así, también podemos entonces pensar que aquella clase explotada le es permitido hacerse por todos los medios al poder y conservarlo.  Así mismo, debemos preguntarnos en una época donde se habla de la dignidad humana y de los derechos humanos y del hombre ¿si es ética y moralmente posible hacerse con las tesis de la administración de la crueldad? Esto no quiere decir que no ocurra, sino, si es posible mantener abiertamente una política que decida hacer uso de la violencia política y el exterminio tanto de opositores como de todos aquellos que propongan una nueva forma de organización de lo social. En cuanto al monopolio de las armas hoy también nos podemos preguntar si esta muchas veces está realmente en manos del Estado o como ésta muchas veces patrocina otros grupos para que en beneficio de unos pocos hagan uso de la violencia en contra de personas civiles o grupos políticos; así como si esto se puede considerar una pragmática política en la cual se evitaría males mayores para el todo social generando un mal particular a través del uso de la crueldad.

 

[1] Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, Introducción, traducción y notas de Francisco Javier Alcántara, Editorial Planeta, Venezuela, 1992.

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El tormento de Gaza y los crímenes de Israel son nuestra responsabilidad, de Noam Chomsky

La crueldad y el sinsentido histórico de los actos criminales a los palestinos.

Zoon Politikon Mx

La opinión de Noam Chomsky sobre lo que ocurre, ya desde hace varias décadas, en el territorio palestino ocupado:

Palestina Bandera

“A las tres de la madrugada del 9 de julio, en medio del más reciente ejercicio de la barbarie israelí, recibí la llamada telefónica de un joven periodista palestino en Gaza. Al fondo podía escuchar los gritos de su hijo pequeño en medio de las explosiones y el rugir de los jets que disparaban contra cualquier civil que se moviera, y también contra hogares.

Este joven acababa de ver estallar por los aires a un amigo suyo, quien circulaba en un vehículo claramente marcado como de prensa. Alcanzaba a escuchar los gritos que provenían de la casa vecina, tras la explosión, pero no pudo salir por temor a convertirse en blanco.

Se trata de un barrio tranquilo. No hay objetivos miliares… a excepción de los palestinos, quienes son el blanco de…

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Documental: La Isla de las Flores

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Universidad Popular: recuperar la filosofía para la vida

La ampliación de la filosofía supone un regreso al aire libre, lejos de la atmósfera confinada de las celdas en las que la  historiografía oficial y la escolarización de la disciplina la mantienen desde hace tiempo.

 Michel Onfray

¿Cómo comprender, en sentido mucho más amplio, que el que ofrece la restricción academicista, la enseñanza y el aprendizaje de la filosofía? ¿No es posible restituir la filosofía para la vida en ámbitos no escolares o necesariamente de aula escolar, con niveles, títulos, promociones y, peor aún, con una historiografía que resalta unos autores que se consideran como imprescindibles y otros no? ¿Para qué la historia de la filosofía sin una reflexión a la realidad propia como si se tratará de una realidad intemporal?

De un lado tenemos la impresión que la filosofía se ha constituido como un discurso de autoridad, desde el cual se construye, no pensamientos propios, sino validaciones desde las palabras de otro.  Además la filosofía se convierte en un discurso destinado a unos pocos especialistas en el tema,  unos pocos iniciados que conocen el lenguaje para expresarse con elocuencia dentro de los ámbitos académicos. Lo que echamos a extrañar es la filosofía dirigida al público no-filósofo con un discurso que permita a éstos versen reconocidos en su cotidianidad. Lo que echamos de falta es una filosofía que responda a las inquietudes más que de especialistas sobre la ubicación exacta de una obra frente a otra de un determinado autor; que responda a las inquietudes existenciales de las personas. Para Michel Onfray (2008) hay un natural filosófico en las personas que plantea la cuestión de que el filósofo no se hace sino que nace. Esta naturaleza humana, la evidencia Onfray, en el Hecho de que los hombres tiene una inclinación natural a cuestionarse, indagar, interrogar, preguntarse sobre el por qué, cómo, de qué manera (2008: 49). Actitud que por demás no necesita ningún entrenamiento social, y que se desarrollo incluso en contra de éste (Onfray, 2008: 49). Es decir que en la naturaleza del niño encontramos al futuro filósofo; se encuentra su germen en potencia. ¿Qué hace la filosofía para cuidar de esta naturaleza filosófica de lo humano?  La abandona por el discurso de especialistas y únicamente se encamina a los hombres ya formados de la educación formal en los últimos grados del bachillerato y en la universidad.

Haciendo un paréntesis sobre el que enseñar y como enseñarlo debemos recordar que hay dos tendencias en la enseñanza de la filosofía o una aparente antinomia sobre el que enseñar: de un lado tenemos que se puede enseñar a filosofar, como una actitud hacia la reflexión, la pregunta y el dialogo de experiencias existenciales; de otro lado, tenemos la cuestión de la historia o los problemas, en las cuales se puede enseñar una determinada escuela filosófica, enseñarlas todas, centrarse en los métodos filosóficos,  o en los principales problemas: todos desde un punto de vista historiográfico.

Lo que vemos con malos ojos es que se sancione la filosofía para niños  como una imposibilidad metodológica o incluso que se vea sólo como una didáctica de inspiración filosófica, pero no como filosofía propiamente. Michel Onfray muestra esta tendencia en varios sentidos, de un lado se considera que sólo a partir de los grandes libros, decididos mas administrativamente que filosóficamente, se aprende filosofía.  A sí mismo, se considera que sólo hace filosofía aquel que tiene una preparación tal que le permite sostener una idea con argumentaciones solidas sobre un tema; es decir aquel estudiante que presenta una tesis sobre algún autor filosófico para un público restringido de especialistas, nuevamente una cuestión de elites.  La cuestión de si trabajar “temas” o “tratamientos” filosóficos también da un giro leve a la historiografía general de la filosofía; ya que se les podría dar tratamientos filosóficos a sectores más amplios de la realidad, que los habituales “temas filosóficos”. Es decir hacer objeto de la filosofía los diversos estratos de la realidad sensitiva, y no hacer una reducción grosera de la filosofía a los denominados “sentidos nobles” en perjuicio de los elementos sensoriales aportados por sentidos como el gusto, el tacto y el olfato; como si a través de éstos no se tuviera una experiencia de vida.

Volviendo sobre el tema, Miche Onfray nos muestra como en las preguntas de los niños se revelan los grandes problemas filosóficos: “En un taller de filosofía — en la Universidad popular de Caen— muchas de las preguntas que han salido de la boca de los niños recuerdan extrañamente  las interrogaciones de muy grandes filósofos, incluso de los clásicos.” (2008: 49)

El deseo y el cómo enseñar filosofía a los niños:

El niño que pregunta en tanto filósofo nos permite introducir una idea sobre la enseñanza de la filosofía, para enseñar a los niños hace basta la formulación de la pregunta por parte del niño: “¿Por qué…?” A través de la cual podemos enganchar al niño en una función activa que le lleve del cuestionamiento a otro [Padres, profesores u otra figura de autoridad] al cuestionamiento propio. Es decir una acción activa que haga que el niño no sea un simple receptáculo de teorías sino que a partir de preguntas y respuestas [dialogo socrático o mayéutica] se pueda ir gestando y reconociendo en tanto filósofo. Los peores enemigos del deseo son la respuesta directa a la pregunta o el no esfuerzo por llevar al niño a proponer una solución a sus inquietudes. “Darlo todo” como “ocultarlo todo” son elementos que no permiten la formación de la actitud filosófica en los niños. Hay que dejar ver al mismo tiempo que se oculta. Proponer caminos más que dar soluciones pre-fabricadas, únicamente con el ánimo de incitar al pensamiento. En cierto sentido es como el pedagogo libertario del que nos habla Onfray: “El pedagogo libertario trabaja en función de hacerse a un lado en términos personales y cultivar la potencia interrogativa de toda subjetividad infantil.” (2008: 51-52)

La analogía del deporte frente a la inteligencia infantil es válida, como practica constante de esta inteligencia primitiva. Hay que mantenerla despierta y comenzar lo antes posible de manera que no se atrofie con la lógica adulta de lo evidente. Onfray, nos recuerda, como para Epicuro nunca se es demasiado temprano o demasiado tarde para la filosofía.

Universidad popular:

¿Para qué una universidad popular? Las condiciones sociales, económicas y materiales de los grupos excluidos por el poder unido a las condiciones elitistas de la educación hacen necesario pensar unas nuevas formas de organización del saber. Es decir que una Universidad popular tiene su para qué en la emancipación de los individuos participes. Partiendo de principios como la gratuidad, la libre entrada y salida de los procesos de formación, la preparación docente, el espacio de encuentro entre individuos, etc.

Para Onfray la Universidad popular históricamente fue llamada a

“[…] ilustrar a los obreros, los artesanos y otras buenas voluntades deseosas de aprender para convertirse en sujetos de sí mismas y de su destino, pero también, y sobre todo, en la perspectiva de los juegos electorales, para tener enfrente a ciudadanos ilustrados capaces de discernimiento.” (Onfray, 55)

Las universidades populares, según Onfray (2008),  surgen desde una perspectiva de emancipación de la clase proletaria, sólo que los presupuestos de la misma y, debido a las condiciones socio-históricas, hicieron que esta perdiera su carácter de universidad [universalidad] para centrarse en algunos aspectos de la vida de los trabajadores.

De allí que deba apelarse con la Universidad popular una oferta de alto nivel que supone un contenido que respete al público (Onfray, 2008: 54) o, lo que es lo mismo, que de lo mejor a las mayorías, sin concesión (2008: 54). Onfray es consciente de las limitaciones de este planteamiento debido al carácter democrático en cuanto a la oferta, aristocrático en cuanto a la formación, debido a que también son unos pocos los que lo hacen posible y efectivo.

En contraste con Onfray creemos, como principio de la desigualdad, aquellos elementos materiales en que se produce; si bien interiorizado como un policía interno, que desarraiga de la “conciencia” comprometiendo a los explotados con el explotador[1], no estamos de acuerdo con Onfray al considerar que la micro-resistencia de los poderes diseminados sea la posibilidad de cambio de los mecanismos de explotación. Ya que como dijimos estos parten de una base materialista en que se organiza a través de la enajenación de los sujetos en realidades confortables y de aparente prosperidad. Mientras tanto los grupos excluidos siguen siendo presa del infortunio al no poder asegurar las bases mínimas de interacción social: salud, educación e ingresos dignos. Sale más barato, en términos globales, comprar un televisor de plasma que hacer mercado durante un mes para una familia de cuatro personas donde solo dos trabajan. Pero nos hacen sentir lo democrático en el acceso a las tecnologías y en sus bajos costes que facilitan su adquisición. De manera que consideramos que la resistencia tiene que ser tanto en lo material de la existencia como en sus elementos enajenadores.

Finalmente y a manera de pregunta pensamos en el sujeto histórico del cambio y si este ha de ser el individuo o los pueblos. Si debe partirse de la individualidad liberadora para alcanzar al pueblo liberado y liberador.

BIBLIOGRAFÍA

Michel Onfray, La Comunidad Filosófica, Manifiesto por una universidad popular, 2008, Gedisa.

Edición digital tomada de:

http://es.scribd.com/doc/80713395/MICHEL-ONFRAY-LA-COMUNIDAD-FILOSFICA

Nota: La paginación de la edición Digital no corresponde con la edición impresa.


[1] Esto me hace recordar a los policías judíos que servían de verdugos nazis a sus propios compañeros durante la segunda guerra mundial.

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Didáctica de la filosofía

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